martes, diciembre 03, 2013

Cambio Posible


Seguramente han sido miles las veces en las que la necesidad de un cambio nos ha llamado. Es inevitable que así sea.

Es más, cualquier jornada espiritual es sinónimo de transformación, inagotable y consciente transición para aprender pacíficamente a deshacernos de todo aquello que nos agobia, perturba, incomoda.


Todos queremos y anhelamos y buscamos el cambio pero muchas veces, y casi desde una clandestina confianza, esperamos algún signo o señal externa. 
Así queda garantizado que nada cambie.

El conflicto interior es entonces, inevitable.


El único cambio posible, la única alternativa ciertamente sanadora es tomar una decisión desde el corazón de nuestro corazón.

Y no se trata de cambiar de trabajo, desterrar afectos, desmentir el pasado o inquietarse por el futuro. 
Se trata pura y exclusivamente de reconocer que hemos estado siguiendo – y sin objetar- los dictados de una voz demente. 


Luego podemos tomar la única decisión significativa, trascendente, reveladora.
Luego podemos cultivar la única libertad que tenemos.
Luego podemos cambiar de maestro.
Cualquier otra cosa que hagamos, es cotillón.


No hay una idea tan medular en Un Curso de Milagros como la de propósito.

Hay un propósito al elegir seguir la voz del ego y gracias a una práctica sostenida, podemos entender con claridad y sin desesperar, la intención que expresa.  

Y la intención es mi existencia.
Yo.

Cada vez que juzgo, existo


Y esto es necesariamente así ya que al elegir la voz del Espíritu, la idea del yo se disuelve.
No hay forma que sobreviva tal creencia si al mismo tiempo esperamos que la conciencia del Amor Uno Inclusivo amanezca en nosotros. 
Sabernos parte del Amor es ser parte de un Todo y el concepto de un yo como singularidad aislada, como una anomalía descarriada, es imposible.


Así el cambio es exactamente como debe ser, radicalmente interior. 
Por lo tanto, podemos aprender a movernos en este mundo ficticio con la ilusión de un yo. 
Un yo que podemos ver idéntico en propósito a una legión de yoes que deambulan por estos vacíos terruños.


Todos tenemos dos voces.

Ahora que aceptamos haber escuchado el aullido de la crucifixión, el cambio al dominio de lo invisible no es letra sino experiencia.
Ahora podemos elegir entonar la melodía de la redención.

Bendiciones,
patricia
Milagros en Red
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